13° Edición Digital de Artes y Letras “Amar”

Autora: Beatriz Franco
Texto: Gladys Cepeda
Carta a Eloísa
Estimada Srta. Elo:
He recibido su carta, creo que debería inventar una palabra para decir lo que esto representa ya que felicidad no es la precisa, casi como un brindis con la vida. En estos momentos duros sus palabras dan un hálito a mis pulmones, no puedo levantarme de la cama, la tos y la fiebre se han apoderado de mí y atormentan, el doctor no quiere que sufra alguna alteración nerviosa para no agravar la situación, pero es inevitable pienso en su misiva anterior y me arrebata la tristeza a quien le acecha la espera.
Ud. se emociona con mi romanticismo de 17 años, pero mi corazón es el de un niño inmerso en el infinito deseo, estrechar su mano suave en conjunción a su mirada profunda y dorada bajo el campo cubierto de flores secas, esperando renacer. Me pregunto si es algo más que amistad lo que nos une y me pregunto ¿Desde cuándo la amo? Esa duda podría tener una respuesta secreta, porque los sentimientos son extrañas voces que nos invaden lentamente. Pero retrocedo unos meses, nuestro primer encuentro … todavía veo su figura angelical frente a las ventanas: era copia de una aparición mágica y como avanzó con fluidez nuestro contacto casi sin darnos cuenta.
Sé que no regresará por un tiempo extenso, el viaje de su familia por Europa, ha logrado detener los relojes en este cuarto sombrío e interminable. Me ha hablado del buen clima y de cada detalle en la travesía, de las ciudades imponentes y ruidosas, los hoteles de estilo imperial, la fascinación por los campos Elíseos y en Venecia navegar sin poder abarcar toda la belleza sobre pájaros de agua y concretar esas fotografías materiales que ahora tocará con sus pies. Mis Lágrimas viajan junto a cada una de ellas y se mimetiza con las enciclopedias que hemos devorado con deleite en nuestras tardes mientras a escondidas tomábamos mate, cosa que no agradaba a mi madre, pero era algo más que nos unía, parte de nuestro trato: lo otro, regresar a nuestro jardín, en la parte trasera de la casa y pernoctar en la algarabía de los juegos teatrales, componiendo diversos personajes, que nunca terminaban bien. Una hoja del arce aún entera fue nuestro testigo que conservo dentro de Las Mil y Una noches, en la primera página ya gastada de tanto dar vuelta para caer siempre en Simbad, nuestra historia favorita.
Observo sus otras cartas como un acto inevitable, aunque mi hermana intentó esconderlas, yo he podido recuperarlas. Al ver la caligrafía es como si una parte de Ud. se hubiera quedado aquí. Reflexiono y tomo nota sobre la pasión, sé que los elementos nos podrían hablar de los misterios del amor, como también lo han hecho los autores, artistas, y nos han ayudado a verlo en amplias dimensiones. Todas estas experiencias se vuelven luces y sombras sobre nuestra alma, heridas o calor de hogares a leños encendidos en los inviernos más crudos, playas extensas y blancas como postales o bosques enigmáticos con mariposas de colores irreconocibles y magníficos.
Me ha preguntado ¿Cómo sigo del mal que me aqueja? los doctores hablan de nuevas curas y potingues para seguir partiéndole el brazo a la muerte, yo también me apego a la esperanza, aunque sea una incógnita y puede que fracase, pero algo me dice.: ¡Que no baje los brazos! Ud. me dibuja un sol Mediterráneo, aprecio su manera de apoyarme.
¡Cuántos proyectos crecen y se desvanecen en un solo parpadear! ¿Puede el amor sobrevivir dado los inconvenientes? ¿O perderse ante la primera inclemencia?
Hoy es un día exacto a un sueño con unas gotitas de sol que me bañan desde la ventana, ahora he pedido lápices y hojas, quiero terminar el retrato que comencé cuando Ud. Eloísa estaba entremezclada con las cortinas de las ventanas por segunda vez y me habló de su futuro viaje, se lo daré cuando regrese.
Con todo mi afecto quien siempre la esperara.
Rodrigo
